lunes, 24 de agosto de 2015

La historia de Guanamaca

Me cuenta mi abuelo que allá donde él vivía, en un batey llamado Guanamaca a la orilla del río había una ceiba donde salía en las tardes noches un pequeño niño con unas grande trenzas. ¡Un güije!- se decía. Todos los niños del batey tenían miedo de acercarse al árbol o ir solos al río, pues el güije se acostaba debajo de las ramas de la ceiba o simplemente se sentaba horas y horas ahí para cuidar su río y su ceiba.
Dice mi abuelo que cuando alguien lo veía se quedaba sin poder mencionar una palabra, era como magia, las personas perdían el habla y nadie quería salir de su casa. Hasta que un día realizaron una reunión para cortar la mata de ceiba y desviar el río hacia otro lugar. ¿pero… quién lo iba hacer? ¿quién era el hombre que no le temía al güije? ¿o quién no temía perder la lengua?
Los viernes de luna llena, se oía una voz por esa zona, dicen que era el güije que celebraba su fiesta de cumpleaños y que salía a cazar algún niño para llévarlo a las profundidades del río ¡Qué susto! Esos viernes nadie quería ir a la escuela, ni al trabajo para no llegar tarde a la casa y o pasar por alrededor del río. 
Después convocan otra reunión en la cual dos niños: el haitianito Yefó y Toñito el español se dieron a la tarea de picar la ceiba y desviar el río. Al día siguiente los despidieron con lemas y canciones. Cuando llegaron al río pensaron que iba a ser muy difícil, de repente el güije le salió con una voz feroz y una cara fuñida, les dijo:
  • Y ustedes que piensa hacer con mi ceiba y el río.
Los niños se quedaron firmes.
  • No te tenemos miedo, solo queremos saber si tienes poderes mágicos o si eres un hombre del pueblo que quiere asustar a los niños. –respondieron.
  • Yo no tengo poderes- dijo sollozando- pero sí soy un güije y tampoco quiero asustar a los niños, al contrario solo quiero ser su amigo.
  • Y por qué quedan sin habla cuando te ven.
  • No sé, el problema esa que los humanos vienen a maltratar mi ceiba y mi río y al salir a regañarlos y aconsejarlos se asusta y salen corriendo y otros me empiezan a tirar piedras y por eso los recibí de esta forma. Ahora díganme ¿a qué más vinieron?
  • Bueno… fue a picar la ceiba
  • Eso nunca – interrumpió el güije
  • Espera ya sabemos que eres un güije bueno y te llevaremos al pueblo para que tengas más amigos y te dejen tu ceiba en paz.
Dicho esto se fueron caminando los tres para el pueblo y al verlo los ciudadanos se asustaron y rápidamente los niños contaron lo sucedido. Desde ese día todos vivieron felices y se bañaron junto al güije en el río pues todo lo pasado quedó en un ¡dicen!

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